04Ene Manzanas
Hace minutos, días o años que espero debajo del manzano. El demonio que habita en él no deja caer ningún fruto. Sin embargo, parece que la sombría imagen no se percato de mi presencia reposada sobre el viejo tronco desgastado por los años. Las manzanas se mantienen brillantes, jugosas, jóvenes, cuando alguna muestra una señal de vejez el demonio la toma entre sus largos dedos y al soltarla esta recupera su jovial brillo y aroma. Cada tanto tomaba una de estas manzanas y la comía tan deprisa que parecía nunca haber existido.
Silbe una canción de esas que se aprenden en la infancia y no se olvidan. El sombrío leviatán giró su cabeza 180 grados, como una lechuza y me miro fijo a los ojos. Su mirada me hizo recorrer mil infiernos, bestias, asesinos, engendros, decapitados y calaveras, en ellos se veía un terror devastador. No eran almas en pena, eran solo cuerpos, o vestigios de estos. En eso momento me di cuenta que no eran manzanas las que colgaban de aquél árbol sino las almas de los condenados al infierno. Un segundo después tenía una de ellas en mi mano, mientras Balban sonreía y se devoraba una podrida y fétida manzana.
